domingo, junio 11, 2006

San Salvador Atenco: barbarie e impunidad

Parece increíble que en los tiempos que vivimos ocurran sucesos como los acaecidos durante los primeros días de mayo pasado en San Salvador Atenco, Estado de México; sin embargo sucedieron. Muchas cosas parecen inexplicables, sobre todo en un país que se jacta de vivir en democracia y, risueñamente, preside desde hace pocos días la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Los hechos son bien conocidos a nivel mundial para mucha gente, y quienes no los conozcan, investíguenlos, pues la ignorancia y el olvido son siempre agentes etiológicos de la recidiva o la repetición. El caso es que una población entera fue salvajemente reprimida, en una operación paramilitar, tal como su comandante Robledo concede, y no sólo reprimida, sino que sus casas fueron allanadas y destrozadas, sus mujeres golpeadas, violadas, torturadas física y psicológicamente. Los padres molidos a golpes y puntapiés, los extranjeros presentes (que documentaban los hechos) fueron deportados sin más ni más. Los paseantes y los curiosos, igual. Acaba de morir un estudiante de la UNAM, víctima de una bomba de gas lacrimógeno que le destrozó el cráneo. En fin, la lista de atrocidades cometidas por este Gobierno que se dice democrático y de Derecho son innumerables. Esto podría tomarse como una crítica al partido en el Poder, si no fuera porque en esta situación confluyó la complicidad de los tres partidos políticos mayoritarios en México: el PAN (desde el gobierno federal), el PRI (desde el estatal), y el PRD (desde el local o municipal). Los tres se disputan en estos momentos el sillón presidencial para hacer un México justo, unido y humano. Los políticos negaron, ocultaron, y trataron de silenciar todos estos hechos, y muchos más. Pero es también de destacar que el papel de los medios masivos de comunicación trataron de disfrazar estos hechos adjudicándoselos a los pobladores de Atenco, con el nefasto antecedente de que ya se habían puesto violentos en otros momentos. Es decir, cuando con machetes y resistencia activa evitaron que se los despojara de sus predios y parcelas, con una indemnización ridícula, para construir un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México. Se les estropeó el negocio a muchos allí, pero la vendetta no tardaría en llegar. El poder sí que no olvida, ni perdona. También se acusó al Subcomandante Marcos de ser instigador de esta violencia; por supuesto que para el Poder luchar por la dignidad es subversivo y violento. La Iglesia también calló en esta oportunidad, ¿qué raro, no? Los intelectuales (sólo algunos) mostraron su preocupación. Tal vez este hecho los pudiera distraer de sus presentaciones o comentarios de libros o de la asistencia a los magnos eventos oficiales que luego critican. Las organizaciones defensoras de los derechos humanos y casi toda la gama de ONG presentes en México y en el extranjero se desgarraron las vestiduras ante tal atroz hecho. Sería interesante averiguar cuántas de ellas son financiadas por el Poder y cuántas trabajan desde él. Pero están ahí, para que podamos dormir tranquilos y que estas cosas no sucedan, porque nuestros derechos humanos están protegidos por señores y señoras gordas que realmente se desviven por nosotros. El Sr. Robledo dice haber aplicado la prueba del polígrafo a muchos de los acusados de estas barbaries, y declara que ante su negativa de los hechos, el citado aparatito los respaldó. No se comprende la falacia del uso del polígrafo en estas circunstancias, cuando es ampliamente conocido que para la justicia no constituye ningún elemento probatorio. En cambio, la enormidad de pruebas y testimonios, que podría llenar carretillas, y que comprueban los terribles hechos acaecidos carecen para el Gobierno de toda veracidad. El operativo se llevó a cabo para proteger el orden público, combatir la violencia injustificada de unos pocos violentos que no desean la paz ni la democracia, y restaurar la “normalidad”. ¿Cuál será esa normalidad? ¿La del avasallamiento cotidiano de los derechos?
Frente a estos sucesos, sería injusto no destacar la movilización popular de una buena parte de la sociedad civil, nacional e internacional, (no dirigida por nada más que la indignación) para denunciar estos hechos y reclamar la libertad de quienes todavía se encuentran en prisión (¿por “revoltosos”?).
Pero, bueno, estamos en el Mundial de fútbol y hay que olvidarse de Atenco por ahora. Yo les pido que no. Olvidarse es quedar expuesto a que las cosas se repitan. Coméntenle lo de Atenco a sus hijos, a sus padres, a sus alumnos, a sus empleados, a sus clientes, a sus vendedores, a todos los que puedan. Ayer les pasó a ellos, hoy o mañana les puede pasar a sus madres, hijos, hermanas, novias, esposas, como a todas esas mujeres que fueron “tomadas como botín de guerra”. Algunos pensarán que Atenco está muy lejos, En esta peligrosa era de las globalizaciones, Atenco está tan cerca como comprar un despertador chino o un paraguas taiwanés. ¡Cuidado! El Mundial de fútbol nos prende a todos, para los gobiernos mundiales es especialmente una buena cortina de humo para que la gente se olvide de lo jodida que está y como se jode a los demás. Para muchos, el Mundial debería ser eterno. Prestémosle al Mundial 90 minutos de atención, pero luego pongamos nuestros ojos y oídos en otras cosas. Pensemos de qué nos gustaría ser campeones.